


Hérib Campos Cervera nació el 30 de marzo de 1905 y murió en Buenos Aires el 28 de agosto de 1953. Fueron sus padres Hérib Campos Cervera de la Herrería, periodista paraguayo fallecido en Madrid en 1921, y Alicia Díaz Pérez, hermana del polígrafo español Viriato Díaz Pérez, radicado en el Paraguay desde 1906.
La vida y la trayectoria intelectual del autor de Ceniza redimida son todavía insuficientemente conocidas. Una infancia desdichada, lejos de sus progenitores, parece haber marcado hondamente toda su vida, y en su poesía tal vez se encuentren las huellas de esta primera etapa de su existencia. Su adolescencia y juventud no habrían sido afortunadas. En la época en que publica sus primeros poemas en las revistas ARIEL y JUVENTUD (1923) estudia, como interno, en el Colegio San José, al cual menciona constantemente como «cárcel» en un Diario de ese mismo.
En 1923 se fundó la revista JUVENTUD -Cuyo primer director fue el poeta Heriberto Fernández (1903-1927)-, identificada con toda una generación de poetas y escritores, algunos de ellos malogrados tempranamente. Hérib colaboró en dicha revista y en publicaciones de la misma época como Ideal y Alas, esta última dirigida por José Concepción Ortiz (1900-1972), que fue también el último director de Juventud, en 1926.
Durante la década del 20 y la primera mitad de la del 30 la poesía de Campos Cervera, dispersa en diarios y revistas, se mantiene dentro del ámbito estético de esa generación, que fue, en líneas generales, la del Postmodernismo, período mal conocido y poco valorado en lo que respecta a la poesía paraguaya.
En 1931 Hérib sufrió su primer destierro a causa de su participación en los sucesos del 23 de octubre . Vivió durante algún tiempo en Buenos Aires, donde trabó relación con figuras destacadas de la intelectualidad porteña, como Francisco Romero, Luis Juan Guerrero (quien lo puso en contacto con la filosofía de Heidegger), Amado Alonso (filólogo español que por entonces dirigía el célebre Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires), Raimundo Lida y otros. Noticias sobre esta etapa de su vida se encuentran en las cartas que escribió a sus amigos José Concepción Ortiz y Vicente Lamas. Después pasó a residir en Montevideo, donde coincidió con otros exiliados paraguayos como Anselmo Jover Peralta (1895 -1970) y Natalicio González (1897-1966), que posteriormente tendrían destacada actuación en regímenes políticos muy diferentes entre sí. Por entonces, ya Campos Cervera se hallaba definido como un «hombre de izquierdas», pero es difícil, por ahora, delinear con precisión su proceso ideológico.
Es posible que en los primeros tiempos haya sido influido por las reivindicaciones sociales del anarquismo, todavía importante en la década del 20 como ideología sindicalista, y por el socialismo marxista en los años de exilio en la Argentina y el Uruguay. Cuando pudo regresar al Paraguay, hacia fines de 1935, siguió militando políticamente desde posiciones de izquierda y, según testimonio de Sinforiano Buzó Gómez, se adhirió en 1936 al movimiento revolucionario del 17 de febrero. Otros afirman que en esos años se afilió al Partido Comunista.
En Montevideo extravía, o se los secuestran, una novela terminada, Hombres en la selva, y el Romancero del destierro, del que se habría salvado de la destrucción únicamente el poema «23 de Octubre». Pero, pese a las penurias del exilio, Campos Cervera tiene [11] la oportunidad de profundizar sus conocimientos literarios y filosóficos y, sobre todo, de abrir su sensibilidad poética a las nuevas corrientes literarias que están renovando, en esos años, la poesía y la prosa en América y Europa. García Lorca, que estuvo en el Río de la Plata en 1933, y a quien Campos Cervera parece haber conocido, le impresiona profundamente. Le dedica, en Ceniza redimida, un poema, «Federico», y algunas composiciones de ese libro dejan ver la huella estilística del Romancero Gitano.
Se comprende, entonces, que con este bagaje cultural, con sus nuevas ideas sobre la literatura y sobre su propia praxis poética, Hérib se haya convertido -junto con Josefina Plá, que regresa de España en 1938- en el centro de un movimiento que tiene como participes, entre otros, a Augusto Roa Bastos, Óscar Ferreiro, Ezequiel González Alsina y Hugo Rodríguez Alcalá, los cuales pasarán a ser conocidos en la historiografía literaria paraguaya como integrantes del «grupo del 40». El cenáculo «Vy'á raity» es el lugar de encuentro de aquellos jóvenes escritores -a quienes se unirá más tarde Elvio Romero- y sus producciones van apareciendo en el diario El País y en revistas como la del ATENEO PARAGUAYO y NOTICIAS.
Entretanto, el poder político ha caído en manos del General Morínigo, que instaura un régimen autoritario simpatizante del nazi-fascismo entre 1940 y 1948. En 1947 estalla la rebelión de un sector del ejército, con el apoyo de los partidos políticos democráticos, que resulta derrotada. Para Campos Cervera será motivo de un nuevo exilio que durará hasta su muerte en Buenos Aires, seis años después.
En este último período de su vida, signado por el destierro definitivo, el autor de Ceniza redimida prosigue su actividad literaria sin desvincularse de la patria. Se afirma su voz poética y reúne los materiales que considera rescatables para su primer y único libro de poemas, que publica la Editorial Tupa, dirigida por Anselmo Jover Peralta, en 1950.
Posteriormente escribe algunos poemas, recogidos en un breve cuadernillo póstumo titulado Hombre secreto; un relato, «El buscador de fe»; una novela corta, El ojo enterrado, que se ignora si llegó a concluir y que se ha extraviado, una pieza teatral, no estrenada hasta hoy y que en este volumen se recoge por primera vez, y, en fin, prepara una historia de las ideas en el Paraguay, probablemente también inconclusa.
Esta vida de gran intensidad existencial e intelectual se apagó el 28 de agosto de 1953. Su muerte privó al Paraguay de una de sus grandes voces poéticas y de una personalidad fundamental en el desarrollo de la cultura moderna en el país.




Libre para nacer sin elegir el día
El interés creciente por la obra de la escritora Josefina Plá ha de afrontar el reto de abarcar las multifacéticas caras de una producción ingente en muy diversos campos: la cerámica y el grabado, la poesía, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo, la crítica, la historia y el periodismo cultural. Quien decía poseer como «único título y viático» su «cédula mínima de escribidor» puede considerarse nombre central de la cultura paraguaya del siglo XX, desde que en 1927 se radica en Asunción tras su matrimonio con el ceramista Julián de la Herrería (seudónimo de Andrés Campos Cervera). Desde ese momento arranca un esfuerzo muy notable de inserción en un espacio radicalmente distinto al de la Isla de Lobos natal (Fuerteventura, 1903), que cuaja en seis décadas de producción artística y más de cincuenta títulos. 





.... ¿Desde cuándo marchabas a mi lado.
De las más hondas raíces se me largan tus manos, 

... Sueño que fuiste impulso de mi latido.
y alas en mi anhelar:
Te mata la vida que nutriste,
como la flor el fruto nacido de sus galas.
Afán que me hechizaste de tan triste,
pensamiento clavado
en mis frágiles pulsos; estilete sutil:
a esa punta que hincaste pereces, traspasado.
Loco sueño disuelto en mi sangre febril:
¡esa sangre te ahoga!
..... Morir te miro, ensueño
que fue yo toda -como fue tronco toda hoguera,
y charco toda nube- en un tranvasamiento
imperceptible, blando, como un deshojamiento de rosa,
en un temblor de atravesada mariposa.
Morir te miro, ensueño,
como el árbol mirara arder el vicio leño
cortado de su rama. o pudrirse la hoja
de cuyo muerto libre saldrá la yema roja.
Morir te miro, ensueño,
y tu postrer tristeza es ya casi alegría,
¡y tu último suspiro es ya casi esperanza!
...Hoja muerta, que vuelves a la tierra madura:
¿en qué capullo nuevo, húmedo de ternura,
renacerás mañana, ensueño en agonía...?




Yo no sé por qué has vuelto.


